Premio Hucha de Oro

 

 

IR AL PRINCIPIO DE ESTA PÁGINA

REGRESAR A PÁGINA PRINCIPAL

IR AL PRINCIPIO DE ESTA PÁGINA

REGRESAR A PÁGINA PRINCIPAL

IR AL PRINCIPIO DE ESTA PÁGINA

REGRESAR A PÁGINA PRINCIPAL

 

 

  

XXXV Premio Internacional Hucha de Oro, 2008

De derecha a izquierda: Luis Landero, Luis Mateo Díez, José Antonio Antón, Ana García Siñeriz y José Antonio Abella

El actor Miguel Rellán, leyendo el cuento premiado. Foto tomada del blog de Gracia Iglesias, que ofrece una amplia reseña del acto:

  http://valsdeloselefantes.blogspot.com/2008/11/entrega-de-premios-hucha-de-oro.html

Ana García Siñeriz y José Antonio Abella

 

En la fila superior, de dcha a izda.: Manuel Longares, Luis Mateo Díez, Ángeles Encinar, Victorio Valle, 

Luis Landero, Ana García Siñeriz, José Antonio Antón y Miguel Rellán. 

En La fila inferior, autores finalistas y premiados.

Revista de la Confederación Española de Cajas de Ahorros. Enero, 2009 

29 de octubre de 2008

CULTURA  

José Antonio Abella gana el Concurso de 

Cuentos Hucha de Oro


José Antonio Abella, durante una sesión de la Tertulia de los Martes, de la que es miembro coordinador. / FERNANDO PEÑALOSA

La trigésimo quinta edición del certamen de Funcas recibió más de 3.700 obras
A.S.R. - Segovia

El escritor y escultor José Antonio Abella, burgalés aunque afincado en Segovia desde hace tiempo, ha ganado la trigésimo quinta edición del Concurso de Cuentos Hucha de Oro, convocado anualmente por la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) y el mejor dotado de España en el ámbito del relato corto, con un primer premio de 30.000 euros.

Abella se mostró ayer, en declaraciones realizadas a esta Redacción, muy satisfecho con el premio, dada su relevancia y el prestigio que ha ido acumulando a lo largo de 35 años de trayectoria. Su cuento, “El fin de las palabras”, se ha impuesto entre más de 3.700 textos, en su mayor parte procedentes de distintos puntos de España, aunque también hay una amplia representación del resto del mundo, sobre todo de Iberoamérica y, particularmente, de Argentina y México.

“El fin de las palabras”, es la historia de un hombre mayor, contada por uno de sus nietos. El hombre tiene una demencia “que le hace no ver cosas evidentes para los demás, pero le permite ver cosas que los demás no ven”; “él se dedica a algo aparentemente tan absurdo como copiar de su puño y letra la Biblia, lo que provoca una serie de reflexiones”, comentó Abella.

El escritor entiende el título del cuento en un doble sentido, “el fin como el final, cuando las palabras desaparecen y también cómo finalidad, sobre la utilidad de las palabras”, ya que el cuento “indaga sobre la finalidad del oficio de escribir, pero también del oficio de vivir”.

José Antonio Abella recibirá su premio en un acto que se celebrará el próximo 24 de noviembre en el Casino de Madrid, un evento en el que pondrá voz a la obra ganadora el conocido actor Imanol Arias. También se entregarán sus galardones a Eloy Serrano Barroso, ganador del segundo premio de esta edición, dotado con 12.000 euros, por “Cuando éramos un tren”; y María Paz Hinojosa Mellado, que ha logrado el tercer premio, de 6.000 euros, con “Un hombre en su sillón”.

José Antonio Abella, nacido en Burgos en 1956, compagina las labores de escritor y escultor con el ejercicio de la Medicina. En la actualidad es miembro coordinador de la colección Hombre y Naturaleza y de la Tertulia de los Martes. Además de algunos poemarios en edición de autor y varios libros colectivos, hasta el momento tiene publicadas cuatro novelas, “Yuda”, “La esfera de humo”, “Crónicas de Umbroso” y “La tierra leve”.

 

 

, 30 de noviembre de 2008

Abella

 

Por José A. Gómez Municio

Este lunes José Antonio Abella recibió en el Casino de Madrid el primer premio de uno de los certámenes de relatos más veterano y prestigioso de nuestro país, la Hucha de Oro. El prestigio de este premio no tiene que ver con cuestiones extraliterarias sino con el jurado, que es sin duda el que marca la calidad literaria de un certamen, la auténtica prueba del nueve, el algodón que no engaña. Y en este concurso el jurado estaba formado por escritores de peso, como Luis Mateo Díez, José María Merino, Luis Landero y Manuel Longares. Casi nada. Gente que pertenece al equipo más hondo del mundo literario, que sabe de lo que habla cuando habla de literatura, escritores a los que le importa un bledo la parte mediática del asunto y que tiene muy claro que escribir es hacer un trabajo sobre el lenguaje, pero también tener algo que decir, algo que esté arraigado en el corazón de los hombres, y en su memoria. Y esa podría ser una buena definición de la obra literaria de Abella.
Cualquiera que haya leído ‘Yuda’, uno de los grandes libros de Abella, y probablemente uno de los cinco mejores que se han escrito sobre Segovia en el pasado siglo, puede comprobar que Abella es un escritor de raza y de una sensibilidad extrema hacia el lenguaje y hacia la memoria. Entiendo qué habrán encontrado escritores como Longares o Landero en la prosa de nuestro vecino segoviano, algo que no se encuentra en las redacciones al uso que muchas veces se hacen pasar por literatura, ni en los fuegos de artificio que otros necesitan para mostrar la complejidad del mundo: claridad, hondura, capacidad de sugerencia, y una profunda humanidad, que es algo complicadísimo de encontrar. Y un brillo especial, también, junto a cierta melancolía en esa mirada suya que está llena de verdad. A esto se une un férreo trabajo literario aparentemente invisible: se diría un tópico cuando se habla de un escritor que esculpe, pero su relato premiado, ‘El fin de las palabras’, parece cincelado, como si cada palabra o cada frase hubiera sido trabajada durante días, pulida y despojada de todo aquello que fuera innecesario.
Abella es uno de los grandes creadores y pensadores que no sólo habita entre nosotros sino que conoce como pocos el alma de Segovia, tanto de la ciudad como de sus habitantes, con sus brillos y sus oquedades. Lo ha demostrado en sus obras, y en ese cuaderno didáctico que es una excelente introducción a la historia y el aire de Segovia, ‘Balcón de la mirada’, que puede conseguirse en la Oficina de Turismo del Azoguejo. Desde su castillo encantado a los pies de otro castillo, el Alcázar, Abella lleva años tejiendo una obra muy sólida no sólo en el campo de la literatura, sino también en el de la escultura. Suyo es, por ejemplo, ese pastor que nos da la bienvenida en la rotonda de la Nueva Segovia, cuando llegamos de Madrid, y que se ha convertido ya en un icono local (incluso se le ha convertido en personaje animado en una publicidad televisiva, circunstancia que indica que ha sido ya acogido como suyo por el imaginario colectivo).
Decir que Abella es una bellísima persona es algo que sin duda entra de lleno en la faceta personal, pero no debemos callarlo en unos momentos en los que la calidad personal cada vez se afirma más como lo único que nos queda y que nos puede salvar de todos los naufragios, de los personales y los colectivos, de los públicos y los privados. Y, no sé por qué, al evocar a Abella en estas páginas de EL NORTEno puedo por menos que recordarle junto a Jorge de Ortúzar, escritor, músico, conversador cálido y cordial, otro de esos pocos seres humanos capaces de pasar de un arte a otro con facilidad, como el propio Abella, y de convertir, inconscientemente, sin querer, su vida en una obrita de arte. Los que tuvimos la suerte de verlos juntos, compartiendo lecturas, ingenios y cariños con otros escritores, pintores y amigos, ahora sabemos que fuimos unos privilegiados. Tal vez no lo sabíamos entonces, pero recordaríamos esos encuentros gozosos como alguno de los mejores y más ilusionantes momentos de nuestras vidas. De todo este gozo de la memoria habla también Abella. Ojalá todos podamos leer el cuento premiado. Enhorabuena, Abella.