Obra Literaria

 

 

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  Resumen biográfico:

                    

José Antonio Abella. Burgos, 1965. Médico rural y escultor. En 1992 se publica su primera novela, Yuda, reeditada en 2006,  y un breve ensayo: La Realidad Posible (hacia un compromiso del arte).  Fue coautor de la obra Segovia: ecología y paisaje (1993). Siguieron las novelas La Esfera de Humo (Grijalbo-Mondadori, 1995), Crónicas de Umbroso (Anaya, 2001, reeditada en 2002 por la Secretaría de Educación Pública de México en edición de 85.000 ejemplares destinados a bibliotecas escolares)  y La Tierra Leve (Abadía Editors, 2006). Es autor de la guía Balcón de la Mirada (Ayuntamiento de Segovia, 2003) y miembro del equipo coordinador de la colección Hombre y Naturaleza y del foro literario Tertulia de los Martes. En noviembre de 2008, un jurado presidido por Luis Mateo Diez y compuesto por Luis Landero, José María Merino, Ángeles Encinar y Manuel Longares le otorgó el XXXV Premio Internacional “Hucha de oro” por el relato titulado El fin de las palabras. Asimismo ha recibido los premios de narrativa Encarna León (2005) y Emiliano Barral (2002).

En marzo de 2010 se publicará su libro de relatos:UNAS POCAS PALABRAS VERDADERAS (Isla del Náufrago, ediciones)

 

 

                       Novelas:

                                             Otros escritos:

 

LA TIERRA LEVE

Abadía Editors, 2006

TEXTO DE CONTRAPORTADA:

La sociedad del bienestar encierra una curiosa paradoja de abundancia y hastío. Cada vez son más las personas que se preguntan si tiene sentido su modo de vida. El protagonista de LA TIERRA LEVE es una de ellas. Experto en informática de cierta entidad de ahorro, y harto de las muchas ataduras cotidianas y pequeñas ruindades laborales, decide dar un cambio radical a su vida: dejar su puesto de trabajo y retirarse a una aldea remota y despoblada donde, además de una vida natural, busca la ocasión propicia para desarrollar su vocación literaria.

Dos historias aparentemente independientes se van entrelazando en el transcurso de la novela: la peripecia personal del protagonista y el relato que él mismo va escribiendo, la historia de un caballero medieval que regresa victorioso de la guerra pero que, abrumado por el peso de la culpa, decide  abandonar el mundo seguro de su castillo para enfrentarse a la más dura penitencia: encadenarse de por vida a la columna que él mismo levantará con sus manos. Los sucesos que se irán desarrollando en torno a esta columna, así como la calidad literaria del texto, sobrecogerán al lector y harán de LA TIERRA LEVE una novela inolvidable.

 

Si quieres descargar el primer capítulo de LA TIERRA LEVE en formato PDF, 

pulsa en su imagen de portada.

 

CRÓNICAS DE UMBROSO

Ed. Anaya (2001)

2ª Edición: Secretaría de Educación Pública de México (2002) Ed. de 85.000 ejemplares

 

Portada de la Ed. MEXICANA.

TEXTO DE CONTRAPORTADA:

¿Tenía razón Jorge Manrique cuando escribió que todo tiempo pasado fue mejor? No lo cree así el protagonista de estas crónicas de infancia, “alguien que no quisiera ser enterrado en el lugar donde vio la luz por vez primera”. Ese lugar “se llamaba Umbroso, y umbrosa es la memoria de aquellos años que debieron haber sido más felices.”       

Amables unas veces y crueles con frecuencia, las páginas de esta novela reflejan un tiempo transcendental en la vida de cada persona: el despertar de su conciencia. La incertidumbre y el dolor suceden inevitablemente a ese momento, acompañado en esta historia por la ruptura de las raíces personales y el adiós definitivo a la tierra natal, al pueblo pequeño convertido de pronto en infierno grande. Pero no todo es sombrío en ese despertar de la conciencia: “Mi padre me había enseñado una de las pocas verdades que me han acompañado, inmutables, a lo largo de la vida, la de que toda realidad tiene dos o más caras contrapuestas, en una de las cuales siempre cabe la esperanza.”                     

Si quieres descargar los tres primeros capítulos de CRÓNICAS DE UMBROSO en formato PDF, 

pulsa en la imagen de su portada.

   

YUDA

Ed. Tertulia de los Martes (1992)

Segunda edición, 2006

PORTADA DE YUDA

TEXTO DE CONTRAPORTADA:

YUDA. Bajo este austero título se oculta una melancólica historia de enraizamiento y desarraigo. Desde las lejanas costas de Corfú, uno de 160.000 judíos expulsados de Sefarad revive los días de su infancia, la incertidumbre ante el devenir y la nostalgia de su doble destierro: tanto en el recuerdo emocionado de su ciudad natal como en la búsqueda de esa patria que todo hombre pierde al hacerse adulto.

La contraposición del castellano actual con la recreación del que se hablaba en el siglo XV, a la vez que intenta ser un homenaje a ese pueblo que quiso conservar el idioma de sus antepasados, permite al lector navegar en el tiempo y comprender que el relato, por encima de su trama temporal, tiene su reflejo en muchas actitudes del mundo contemporáneo.

Las páginas de YUDA, que desde el rigor histórico y el tono ocasional de ensayo psico-pedagógico se van deslizando hacia el lirismo contenido de una atmósfera poética, siempre sin el menor atisbo de rencor, constituyen un rotundo alegato contra la intolerancia y una sincera invitación a la fraternidad.

(VER ARTÍCULOS DE PRENSA)

Si quieres descargar los tres primeros capítulos de YUDA en formato PDF, 

pulsa en la imagen de su portada.

 

LA ESFERA DE HUMO

Ed. Grijalbo-Mondadori, 1995

 

 PORTADA

            TEXTO DE CONTRAPORTADA:

 
Don Yllán es un alquimista de la corte del Rey sabio. Precursor de las teorías sobre la redondez de la Tierra y depositario de todos los secretos sobre la metamorfosis de la materia.
    Hay en su casa brebajes y artilugios mil. Una tortuga que una vez tuvo forma humana y una bola de cristal capaz de ejercer su poder sobre el futuro y el presente.
    La novela, ambientada en la Edad Media, nos transporta a los albores del conocimiento científico, un mundo en el que la ciencia, la magia y los secretos sobre las fuerzas que emergen de la Tierra se confunden.
    Llena de simbología y elementos enigmáticos, esta obra, por su riqueza estilística y por su desarrollo argumental, cautivará no sólo a los interesados en el oscuro medioevo sino a todo tipo de lectores.

(VER ARTÍCULOS DE PRENSA)

Si quieres 

descargar los tres primeros capítulos de LA ESFERA DE HUMO  

en formato PDF, pulsa en la imagen de su portada.

 

 

BALCÓN DE LA MIRADA

UNA PROPUESTA DE ITINERARIOS EN TORNO A SEGOVIA

Ed. Ayuntamiento de Segovia, 2003

Este librito, de 80 páginas, con preciosas ilustraciones de Mariano Carabias a todo color, sólo se puede adquirir a un precio simbólico en el Centro de Acogida a los Visitantes que se encuentra junto al acueducto de Segovia. Por ello, si te interesa, puedes 

descargarlo íntegramente en formato PDF 

pulsando sobre su imagen de  portada.

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ESCRITO EN EL BARRO

PREMIO INTERNACIONAL DE RELATO CORTO ENCARNA LEÓN

Ed. Consejería de Educación, Juventud y Mujer. Melilla, 2005

Este relato, que recibió el premio Encarna León en el año 2004,  puedes 

descargarlo íntegramente en formato PDF

pulsando en la imagen de la portada.

 

 
 

de "PAPEL MOJADO. Veinte poemas para días de lluvia"  

(Segovia. 1996. Ed. del autor)

 
papel.JPG (6051 bytes)

 

 

SON TODOS LOS ESPEJOS

                                                      alcahuetes del tiempo,

delatores que muestran las arrugas, las caries,

las canas que blanquean los sueños y las sienes,

las ojeras ocultas bajo los anteojos.

Hay espejos de azogue (los comunes espejos)

espejos de obsidiana (los espejos incaicos)

de metales preciosos (oro, plata bruñida)

de cristales oscuros. Hay espejos de lluvia

(sin duda los más bellos) labrados en la roca

y expuestos a la nube. Son espejos que cantan

y bailan cuando llueve. Inventos primitivos

de pueblos orientales donde las hembras tensan

el arco de sus ojos con ceniza de sándalo.

Espejos bondadosos que la mano diluye

cuando la imagen duele. Espejos donde beben

libélulas y pájaros. Espejos que se borran

en tiempo de sequía, cuando las flores mustian

y el polvo se acumula en todas las miradas.

Azul, esposa mía, para que nada turbe

el arco de tus cejas, para que los gorriones

aniden en tus ojos cuando, callados, miran

la franja plateada que nace bajo el tinte,

para que me descubras cada vez que te peinas,

apenas escondido detrás de tu cabello,

espiando tus hombros, la curva delicada

de la nuca, del cuello..., te voy a regalar

un espejo de piedra, un espejo de lluvia

que pondremos al lado del rosal, junto al muro,

o en medio del jardín para que no lo manchen

las semillas moradas que desprende la hiedra.

¡Un espejo de lluvia para sembrar el aire

de labios reflejados, cielos azules, iris,

nubes en el remanso del agua laminada!

¡Un espejo de lluvia! Afilo los cinceles.

¡Voy a tallar la luna en un bloque de mármol!

 

 


 

HAY POETAS EXCELSOS

 

                                                que cantan cuando callan,

que ya no tienen lengua. Van desmayando rosas

en búcaros vacíos que comparan al mundo.

Perdieron el idioma y nadie se detiene

para leer sus labios. Encontraron refugio

en las cavernas previas al tacto y los sentidos.

Perdieron la esperanza de las manos abiertas,

de los puentes tendidos sobre los corazones.

Perdieron la sustancia de los sonidos claros

y escriben con palabras que sólo son ausencia.

Están solos. Lo saben. Pero no les importa.

Se cierran en sus versos y levantan murallas

de soledad herida. Están sobre los hombres,

sobre el trabajo sucio de los hechos diarios.

Perdieron el mensaje, la pulpa de la fruta,

el verbo que despierta, la sílaba que calma.

No pierden el orgullo, aunque pierdan el hígado

por verse mencionados en algún pie de página

(la gloria es ver su nombre en los largos listados

de las enciclopedias). Apelan a los dioses,

al signo de los tiempos, a la emoción desnuda

de la nada sublime, del espíritu puro,

del oído perfecto. Y nadie los escucha

porque a nadie le sirven sus metáforas huecas

si no es a los divanes de los psicoanalistas.

Los días van girando y hay poetas y aceras

y gorriones y acacias. Están llenas las calles

de gentes ocupadas que pasan a su lado

sin apartar la vista, debajo del paraguas

en días como éste, sorteando goteras

y charcos aceitosos, el gesto diligente,

de pie sobre el bordillo, atentas al semáforo

en indudable prueba de salud colectiva.


 

A cuantos compartimos el encierro a favor del 0.7

en la Catedral de Segovia.

 

CIEN MIL MUERTOS CONMIGO

 

                                                        (cien mil muertos diarios

según las estadísticas) buscaremos cobijo

entre la luz oscura, la tierra del origen,

el humus piadoso, tibio, el beso fértil

de labios y semillas. Cien mil cuerpos inertes

seremos uno solo, poblado de raíces,

insectos diminutos, amebas, polen, sales.

Seremos sólo polvo que la lluvia disuelve,

espíritu soñado, materia que regresa.

Cien mil muertos diarios para vencer la muerte,

para nutrir la savia del mundo sumergido

donde la rosa gesta su pétalo más blanco.

Engrosarán la tierra las víctimas del hambre

(que son la mayoría de cuantos aquí somos)

y de sus huesos blandos estrenarán los tallos

espinas de diamante. Están verdes los surcos

adentro de la noche. Oigo llantos de niño

debajo de la yerba, un clamor silencioso

de boquitas menudas que se muerden los puños

con sus dientes de leche. Oigo sangres que fluyen

en ríos subterráneos, detonaciones, nucas,

plegarias perforadas. Oigo monedas rojas

pasar de mano en mano. Oigo latidos fríos,

estómagos ruidosos, ventrículos de mármol.

Nadie sabe la senda de la vida que huye.

Estamos aturdidos en el tropel de huellas

que dejan cada día los muertos precedentes

(según último censo: ochenta mil de hambre ).

Todo tiene sentido, decía la maestra

en el recuerdo vago de los años felices,

cuando la risa era y nadie preguntaba.

El fruto se destruye al tiempo que madura.

Un hombre. Cada hombre. Todos tenemos musgo

y sangre entre las uñas. La vida es nuestro precio,

crecer contra la tierra, trampear a la muerte,

y seguir adelante con la sonrisa franca

o el corazón de luto, sin vislumbrar la meta.

 

 


Quiero finalizar esta página con un recuerdo emocionado 

a Jorge de Ortúzar,

 músico, poeta y, sobre todo, amigo,

inolvidable amigo que nos dejó el 21 de junio de 1997,

Día Europeo de la Música.

Jorge de Ortúzar

21 DE JUNIO

A Jorge de Ortúzar,

que llenó de amor y riqueza el corazón de sus amigos.

 

Era clara la noche, aromática, tibia.

La luz del plenilunio proyectaba la sombra

de los álamos altos en el cauce del río.

Era clara la noche -21 de junio-,

una noche de peces deseando ser aves,

una noche de juncos deseando ser agua,

una noche de piedras deseando ser aire.

Era clara la noche, sosegados los sueños,

los caminos abiertos por la luz de la luna,

los caminos abiertos. Era clara la noche

cuando tú nos dejaste. Era noche propicia

para cruzar las puertas, dejar los hospitales,

abandonar el lastre pesado de los huesos,

salir por cada poro, subir a los andamios,

derramarse en el vaho que surge de la tierra

en cálidas espiras, abiertas, ascendentes,

abiertas como brazos, como tus brazos siempre,

como brazos tendidos en el momento justo

que es cada momento. Tenías un secreto

y nunca lo supimos, o tal vez no quisimos

saberlo, de tan simple: Te regalabas todo,

a todos, cada instante. Dejabas en nosotros

tesoros que no vimos hasta notar su falta.

Y nos sentimos pobres ahora que te has ido.

Nos falta tu sonrisa, tus abrazos de oso,

tu forma de escucharnos. Sabemos que nos faltas

y nos sentimos pobres entre tanta riqueza:

Nos quedan tus poemas, tus partituras mudas

en el atril del piano, tu prosa reposada.

Nos queda todavía el tacto de tus manos,

el calor que nos diste, la amistad que mimabas

como flor delicada, jardinero de afectos.

Nos quedas en la magia de los bandoneones,

en las zambas del aire, en los ciclos del agua.

Nos quedas a pedazos en el color del trigo,

en los álamos blancos, entre la luz dorada

de los atardeceres en las torres románicas.

No te fuiste del todo. Nos queda la esperanza

de verte cada noche, de saber que nos miras

al filo de la aurora, detrás de las estrellas

donde tú nos aguardas para hacernos más fácil

el camino de vuelta. (Tal vez estas palabras

que no me pertenecen -semillas de consuelo

que llegan al oído, dictadas entre lágrimas-

proceden de tus labios, de labios hechos humo,

de labios que respiro después de tus cenizas.)

El amor era tanto que no puede la ausencia

cubrirlo con olvido. Pues tanto nos amabas,

no pudiste dejarnos. Quizá te adelantaste

para llenar el cielo de signos conocidos,

complicidades mutuas, canciones detenidas

entre los laberintos que tejen los cometas.

Quizá nos ofreciste un último regalo:

Vivir era más fácil cuando tú nos vivías,

y morir (si morir es, al cabo, regresar al origen)

también será más fácil sabiéndote pendiente

de guiar nuestros pasos en otra noche clara,

aromática, tibia, otra noche de junio

en que abra la luna los caminos del cielo

y el vaho de la tierra nos lleve en sus espiras.


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