MONUMENTOS
MONUMENTO A LA TRASHUMANCIA

MONUMENTO A LA
TRASHUMANCIA. Bronce. 350 x 930 x360 cm. (Rotonda del Pastor, Segovia)

Detalle de la colocación
(13-6-2000)
Con motivo de la recuperación de la Dehesa del Alto
Clamores y de la colocación en sus inmediaciones del Monumento a la
Trashumancia, el área de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Segovia, editó
la obra titulada EL PAISAJE Y LA MEMORIA, de la que se reproduce a continuación
el texto escrito por el autor:
El
corazón de bronce:
Consideraciones
en torno a un monumento y a un poema.
-
-
Somos hijos de héroes que nunca conocieron
- su condición de héroe. De hombres que
escribían
- epopeyas anónimas. De sencillos pastores
- que cruzaban montañas con pasos de
gigante.
- De ellos descendemos. Parecían de bronce
- pero eran de carne, de la materia terca
- del dolor y los sueños. Sentían la
fatiga,
- la sed de los eriales, el hielo de las
cumbres,
- la ausencia de los suyos. Pero iban alegres
- a los pastos de invierno, sin volver la
mirada,
- la canción en los labios. Después, las
noches largas,
- los aullidos cercanos, las madrugadas frías
- y el rosicler de hembra que tiñe el
horizonte
- de tibias añoranzas. Otra nueva jornada
- para medir la tierra, el corazón, la
sangre.
- Delante, las ovejas con la cabeza gacha,
- las dóciles merinas de cuya lana surgen
- catedrales, palacios. Al lado, los mastines
- con sus grandes carlancas, vigilantes y
fieles
- en las lunas de lobo. Encima, el sol, la
lluvia,
- las noches estrelladas, el cielo prometido.
- Y debajo, la tierra, la gravedad oscura
- que tira de las piernas sin detener la
marcha.
- Vivir fue siempre eso:
Crecer contra la tierra
- que tira de nosotros, crecer como los árboles,
- ser troncos que caminan, montañas que
resisten.
- Seguir, paso tras paso. Pasar, dejar la
huella
- que pronto será polvo... De polvo nos
crearon
- igual que a las montañas. Somos polvo que
sangra.
- Y polvo que se yergue, y polvo que trashuma
- a dehesas de sueño con rebaños de humo.
- Otros hombres hicieron
el camino que hacemos.
- Nuestra
huella se pierde, mas el camino queda.
-
El
bronce y la palabra. Ambos, tan distintos, son materiales que perduran y
ambos, en este homenaje a la trashumancia, relatan una misma historia, la
epopeya de seres anónimos cuyo esfuerzo hizo de Segovia la ciudad que ahora
vemos, ese patrimonio de la Humanidad del que todo segoviano bien nacido ha de
sentirse orgulloso.
El
fenómeno de la trashumancia es esencial para comprender la Segovia de los
siglos XVI, XVII y XVIII, la ciudad próspera que fue y que dejó de ser, la
ciudad histórica que, sin grandes modificaciones en su fisonomía, ha llegado
a nuestros días. Pastores, mastines, ovejas. Elementos humildes que no
figuran con letras de oro -al lado de reyes, navegantes, conquistadores...- en
los libros de Historia. Ellos son, sin embargo, junto a una multitud de
figuras anónimas, el sustento de la Historia. Si miramos detenidamente los
barrios de la vieja Segovia, no será difícil descubrir, en la planta
superior de muchos edificios nobles, las columnas de granito o los pies
derechos de madera de las galerías donde antaño se secaban las lanas de los
famosos paños segovianos. Si leemos los rótulos de algunas calles -Pelaires,
Batanes, Cardadores, Tintoreros, Estiradores...-será fácil imaginar la
variedad de oficios que se realizaban en Segovia en relación con el mundo de
la lana. Si asistimos a algunas de sus fiestas populares, no será raro
escuchar, al son de la dulzaina y el tambor, algún canto de esquileo o un
romance pastoril...
Es
habitual que todas las ciudades dediquen un monumento a sus fundadores.
Segovia, según la leyenda, fue fundada por Hércules. Toda leyenda contiene
un poso de verdad y quizá ésta, al menos de forma simbólica, también lo
contenga: Hércules fue en su juventud pastor de ovejas, y el esfuerzo mitológico
de sus doce trabajos no me parece mayor que las penalidades reales de esos
otros pastores que, a lo largo de generaciones, fueron fundando –es decir,
poniendo los fundamentos, los cimientos– a nuestra ciudad. Creo que
hablar de fundadores, en Segovia, no es hablar de Hércules, ni de Roma, ni de
Alfonso VI, ni de Raimundo de Borgoña. Es hablar de pastores y de ovejas, auténticos
progenitores de nuestra ciudad en los caminos de la trashumancia.
A
su esfuerzo titánico responde la potencia buscada en las figuras del
monumento, especialmente en la imagen de un hombre piramidal, hombre con espíritu
de montaña, sustentado sobre las enormes abarcas de dos pies que dominan la
tierra y coronado por un rostro anónimo, rostro sin rostro cuya mirada se
pierde en el horizonte con la seguridad y confianza de quien conoce que las
dificultades no son sino la vara de medir el esfuerzo propio. He intentado que
tanto los volúmenes como la textura de ésta y de las otras cuatro esculturas
del monumento transmitan impresión de fuerza y movimiento, avance que no cede
ante las inclemencias del tiempo o la aspereza del terreno.
El
grupo escultórico carece de pedestal propiamente dicho. Con frecuencia los
pedestales crean una falsa impresión de grandiosidad, un distorsionado punto
de vista que empequeñece al observador y lo aleja de la obra. La trashumancia
fue una epopeya de hombres, no de dioses clásicos. Hombres sin otro pedestal
que los caminos ni otra grandiosidad que la de su espíritu. Por ello el grupo
escultórico encuentra su asiento ideal sobre una imagen de camino pedregoso,
camino que prolonga el que da acceso a la Dehesa del Alto Clamores y que
culmina, en breve meseta, sobre la misma rotonda donde está situado.
Con
respecto al poema que acompaña al monumento, y que inicia estas
consideraciones, poco puedo añadir. Lo escribí días antes de comenzar el
trabajo escultórico y sus versos acompañaron en mis oídos a los golpes de
mazos y cinceles, al raspado de sierras y escofinas. Yo sabía que ese poema
era, de algún modo, el corazón de la escultura. Invisible a través del
bronce, pero real, enorme, generoso, libre. Un corazón no sometido a las
muchas mezquindades de la vida cotidiana. Un corazón fuerte, sensible al
dolor y a la alegría, consciente de su finitud, pero también de su grandeza.
Deseaba, y deseo, que quienes intuyan ese corazón en el interior de la
escultura se sientan artífices de su ciudad, sientan que su trabajo callado
es infinitamente más valioso que el cacareo de cuantos confunden linaje con
nobleza y poder con valía. Deseaba y deseo, en resumen, que la lectura de la
placa de bronce que contiene el poema ayude a comprender el sentido del
monumento, a conservar la memoria de la epopeya trashumante y a fomentar la
responsabilidad hacia el futuro de quienes somos, a fin de cuentas, herederos
de tanto esfuerzo.

Transporte,
Fundición Yunta. Arganda del Rey.
Foto: L.Yoldi
HOMENAJE
A LAS GENERACIONES PRECEDENTES

Obra situada en la plaza de
la Constitución de Muñoveros (Segovia)
Las
gentes de los pueblos de las generaciones anteriores parecían hechas con
retazos de los personajes bíblicos. Reunían en sus personas la obediencia de
Abraham, la paciencia de Job, la sabiduría de Salomón... quienes hemos
llegado después les recordamos con admiración. Y no porque fueran nuestros
padres o nuestros abuelos; sabemos que la vida les trató con rigor pero ellos
no se achicaron nunca. Trabajaban hasta la extenuación y lo hacían con alegría.
Qué extraño duende el suyo: iban y venían del trabajo derramando canciones.
Y observaban el mundo con cierta socarronería. Apenas alcanzaron riquezas
pero siempre estuvieron dispuestos a darse a los demás, a echarse una mano, a
compartir.
Somos
sobre todo hijos de una época. Y acaso nuestra época nos ha configurado con
un afán desmedido por rentabilizar el tiempo. Nos persigue la prisa. De ahí
que nos acordemos ahora de aquellas generaciones de hombres y mujeres, abuelos
y tatarabuelos, que labraron la tierra con mimo y esfuerzo, que lavaban la
ropa rompiendo el hielo del arroyo.
Lo
expresó muy bien una paisana nuestra: "Mirando la sábana de los
diecisiete remiendos que debió de ocuparle tantas tardes a mi abuela, para
acabar luego de guardapolvos de baúl, pensé que aquello, más que un trozo
de tela, era todo un tratado de Filosofía: entre puntada y puntada se
enredaba una visión del mundo."
Por
suerte el tiempo nos ha liberado de aquellos trabajos. De modo que no es
nostalgia del tiempo ido, se trata de admiración porque se enfrentaron a la
vida con naturalidad. Muchos de aquellos valores serían precisos hoy para
humanizar un poco nuestros días.
Esta
idea motriz fue la que impulsó al Ayuntamiento de Muñoveros a realizar un
monumento a las generaciones que nos precedieron, que nos habían trasmitido
una herencia impagable.
Y
ésta fue la idea que le expusimos al escultor José AntonioAbella, y él la
captó de manera admirable, primero a través de un poema hermosísimo donde
cristalizan esos valores, y luego con una escultura que sintetiza, a través
de la ternura y el trabajo de un labrador, buena parte de esas ideas. Le
pedimos también que incorporara el poema al monumento porque ambas creaciones
se refuerzan.
La
Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia, que este año nos honra celebrando su
"Día de la Tierra" en nuestro pueblo, consciente de los problemas
económicos que asedian a un ayuntamiento pequeño, decidió, con una
generosidad infinita, hacerse cargo de los gastos de la escultura.
Como
el final feliz de un cuento, nuestro sueño se ha cumplido. Y aquí estamos
hoy, ante la obra de José Antonio Abella, levantada gracias a la Comunidad de
Ciudad y Tierra de Segovia, en homenaje a las generaciones precedentes.
La
Corporación Municipal de Muñoveros
Primavera
de 1999

Poema grabado en la base:
- Sobre hombros y hambre
ha crecido
la Tierra.
A lo largo
de siglos,
anónimos
atlantes
sostuvieron
el mundo
con sudor y
con sangre.
Tú eras
uno de ellos.
Un día, y
otro día,
y así los
días todos,
camino de
los campos
crecían
las auroras
sobre tus
hombros, padre.
De sudor,
no de lluvia,
nacieron
los trigales,
de sudor
las acequias,
los surcos
alineados,
los árboles
frutales.
De sangre
nos hacemos.
De sudor y
de sangre
los dones
de la tierra,
el trigo,
la manzana,
las patatas
humildes,
la flor de
los guisantes.
Tus hombros
sostuvieron
un sueño
bien sencillo:
vivir era
dar vida,
vivir era
bastante.
Tus hombros
son hoy polvo,
limo,
apenas nada,
pero ayer
sostenían
-seguros,
fuertes, grandes-
los arados,
la tierra,
el pan y
las auroras,
la luz de
las estrellas.
Estás en
mi recuerdo
con caminar
pausado,
el sol en
las pupilas
al final de
la tarde.
Volvías
del trabajo,
transportabas
el mundo...
...Y yo iba
en ese mundo,
sobre tus
hombros, padre.
José Antonio Abella
- EL ADELANTADO DE SEGOVIA
- Miércoles, 8 de septiembre de 1999
- Homo
Fugit Opera Manent
- (Los hombres pasan
- las obras perduran)
-
- EDUARDO OTERO MARTÍN
- Qué
frase tan contundente, qué fuerza tiene, esto es lo que han
debido pensar la corporación municipal de Muñoveros y su
alcalde, al levantar un sencillo monumento en recuerdo y
admiración a nuestros antepasados.
-
Toda obra tiene base y cimientos; esos cimientos nos los
dejaron con su duro trabajo nuestros mayores. Os doy las
gracias, es motivo de orgullo que, en mi pueblo natal, se
reconozca esa entrega tan generosa al trabajo tan duro de
generaciones pasadas de los pueblos de España.
- Ahí
quedan los cimientos y ese gran monumento, para ejemplo de ésta
y futuras generaciones.
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PUERTAS DE LA AUSENCIA

PUERTAS DE LA AUSENCIA
Hierro. 1999. Altura 3,20 m.
En 1998, el
arquitecto Ángel Egido me propuso realizar una escultura para la plaza que se
pensaba rehabilitar en la pequeña localidad segoviana de Valdevacas, pedanía
de El Guijar. Visitamos juntos el lugar y mi primera impresión fue
desoladora. La plaza era poco más que una escombrera. Una fuente caida.
Tejados a punto de hundirse. Arruinada la iglesia. Vacío el pueblo, con
esa soledad casi absoluta de tantos pueblos castellanos, pero también con la
belleza de su silencio y la frondosidad de sus nogales. Valdevavas, un pueblo
y un valle para el sosiego .
Pensé
que las gentes que un día se ven obligadas a abandonar su pueblo siempre
piensan en volver. Sin duda, cierran las puertas y ventanas de sus casas con
la esperanza de abrirlas de nuevo. Pero con demasiada frecuencia es sólo la
ruina quien las abre para que sean traspasadas por el viento del invierno.
Así
nacio la idea de PUERTAS DE LA AUSENCIA, transmitida al Ayuntamiento de El
Guijar con el texto siguiente:
Creo
que el problema más grave de muchos pueblos castellanos es la soledad.
Poblaciones envejecidas. Emigración a las ciudades. Casas vacías. Tejados
hundidos. Puertas cerradas que sólo la ruina vuelve a abrir para permitir el
paso de la lluvia y el viento.
Tal
es el espíritu que anima el proyecto escultórico para la nueva plaza de
Valdevacas, hoy rodeada de ruinas por los cuatro costados: Puertas de la
ausencia, pero también puertas de la esperanza porque quienes un día
traspasaron su dintel para alejarse en busca de otros horizontes y sustento (o
sus hijos, o sus nietos...) ¿acaso no podrán otro día volver?
El
mundo no es más bello pasadas las fronteras de este valle. Tampoco la vida más
grata. Esa fuerza centrífuga del pueblo a la ciudad ¿no ha de tener fin? El
ruido, la contaminación, el tráfago infartado de las grandes urbes ¿acaso
valen más que la sombra de los nogales o el canto de los grillos bajo la luna
de estío?
"Qué
descansada vida / la del que huye del mundanal ruido", escribió fray
Luis de León en el siglo XVI. ¿Qué hubiera escrito de vivir en el bullicio
y la tensión de nuestro siglo agónico.
Puertas
de la ausencia se ha gestado con esa esperanza, la de que un día puedan ser
llamadas puertas de la presencia y el reencuentro.
PLACA CONMEMORATIVA DEL AÑO DE ANDRÉS
LAGUNA

El Dr. Andrés Laguna fue un ilustre científico
y humanista segoviano, médico del emperador Carlos V y del papa Julio
III, traductor dell Dioscórides y autor de numerosas obras entre las que cabe
destacar "Europa que a sí misma se atormenta".
Con motivo de la celebración del quinto
centenario de su nacimiento, este relieve de bronce, encargado por la Cámara
de Comercio e Industria de Segovia, fue colocado en su casa natal.

Detalle de la placa: retrato del Dr.
Laguna
ÁRBOL DE LA MEMORIA
Proyecto de monumento a las víctimas
del terrorismo (no seleccionado)



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Detalle de la textura final del monumento en bronce

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