ALGUNOS ARTÍCULOS Y CRÍTICAS DE PRENSA
 

YUDA

LA ESFERA DE HUMO

CRÓNICAS DE UMBROSO



                                                                                                          Jueves, 7 de diciembre de 2006

Preguntas desde el abismo

José Antonio Abella presenta en la Tertulia de los Martes su última novela, 'La tierra leve'

 

Desde la izquierda, Sanz, Abella y Gómez Municio, el martes en la Tertulia. / ANTONIO DE TORRE

 

ALFONSO ARRIBAS/SEGOVIA

En la penúltima Tertulia del año, José Antonio Abella, uno de sus actuales promotores, presentó rodeado de amigos su última novela titulada 'La tierra leve'. Cualquier puesta de largo, como se dijo en la charla, es un motivo de celebración pero en el caso de este escritor, que también es médico y escultor, el acontecimiento debe aplaudirse aún más porque en cierta forma posee un carácter excepcional: Abella produce de forma artesanal y con ritmo pausado, es un autor perezoso según reconoce.

Muchos dicen que es precisamente esa distancia entre novela y novela la que garantiza la calidad del texto venidero, y sea este u otro factor el que más pese lo cierto es que La tierra leve es una obra consistente, trabajada con detalle como lo hacen los orfebres y muy meditada.

Para Ignacio Sanz, compañero de Tertulia, la lectura de este volumen es sobre todo una experiencia gozosa, magnética, tal y como resultó su encuentro con los primeros manuscritos. En su opinión, la novela de Abella «recuerda a las mejores páginas de Italo Calvino», una referencia compartida por varios de los que tomaron la palabra después.

Descripciones

José Antonio Gómez Municio, escritor y periodista colaborador de EL NORTE, llamó la atención sobre las abundantes y preciosistas descripciones que salpican la obra, un conjunto de visiones literarias que a su juicio conforman el verdadero tesoro de 'La tierra leve'. Tras analizar el fuerte componente simbólico de la novela, resumió su intención afirmando que se trata de una reflexión «sobre la tentación de la huida, porque está llena de personajes que desean abandonar algo o a alguien».

El autor, por su parte, se detuvo en la estructura formal de la novela, que en realidad es la suma, o la reunión, de dos relatos que «convergen en un abismo final». No son, sin embargo, dos novelas superpuestas, sino dos historias que se han gestado al mismo tiempo y siempre con la vocación de unidad, o de proximidad al menos.

Abella escribe 'La tierra leve' para proponer un puñado de respuestas posibles a las preguntas que cualquier ser humano se ha hecho y se seguirá haciendo sobre el sentido mismo de la existencia o sobre la bondad del camino elegido. La obra de Abella ha sido editada por una pequeña empresa catalana, Abadía Editors, «abierta a autores que tengan algo que decir y quieran decirlo y cuya voz posea rasgos de originalidad y de calidad», según su responsable, Ramon Guitó.

 
 
 
 
 
EL ADELANTADO DE SEGOVIA                                                                                           Martes, 23 de junio de 1992

Lirismo y filosofía se funden en la magnífica obra de José A. Abella

"Yuda", una joya literaria sobre la expulsión de los judíos segovianos

judería.jpg (13553 bytes)
Calle de Santa Ana, en la judería segoviana

     JUAN PABLO ORTEGA

    Se presentan dos libros. Uno es mío. Otro de un escritor novel. Digamos primerizo: su primer parto de letras. Yo le dedico un ejemplar del mío y él me dedica a mí un ejemplar de este su primer libro. Lo miro amablemente dedicado y me digo que tendré que leerlo.

    En el acto de presentación el novel, que, por lo que dice Luis Borreguero, es un médico burgalés afincado en Segovia y es también poeta y pintor o escultor, y que, a pesar de todo lo que hace, ha sacado tiempo para leer mi propio libro, hace de éste unos elogios a los que yo no puedo corresponder porque no puedo decir ni bien ni mal de lo que aún no conozco.

    Ahí está delante de mí sobre la mesa: se titula "Yuda" y, según dice Ignacio Sanz, que, al alimón con Luis Borreguero, nos presenta a José Antonio Abella y a mí mismo al público que llena el salón de actos de la Caja de Segovia, editora de la dos novelas, "Yuda" trata de unos judíos que hace ahora cinco siglos hubieron de abandonar esta tierra de Segovia para desparramarse por el mundo.

    E    mpiezo a leerla... ¡Pero, hombre, qué es esto! Parte en castellano viejo. En el que hablarían los judíos de por aquí hace ya tantos siglos. Y parte también en el mejor castellano en que se puede escribir hoy día por esta tierras. Y lo que en castellano viejo y nuevo tan bien se dice en este libro, esas reflexiones sobre las cosas, los hombres y la vida, merece ser leído.

    EL HOMBRE SABIO

    Y leo que cuando una época no es propia para el pensamiento libre, como es cierto que el pensamiento no puede dejar de ser libre, el hombre juicioso y prudente tiene que ser callado y discreto, y muchas veces decir no cuando sabe que es sí, y decir sí cuandosabe que es no."Que la verdad e la vida son cosas bien distintas, e la verdad non puede dexar de seer e la vida sy".

    Y leo que Yuda, el niño judío, dice a la paloma que le ha dado su padre: "Non temades, palomica..." Y que la paloma le miraba "e íbase quedando sosegada". Y yo ya, acabado el viaje y de vuelta en casa, no me sosiego hasta que no termino de leer esta pequeña joya -pequeña por el tamaño (89 páginas) pero en verdad preciosa- que se titula "Yuda".

    Y leo en "Yuda" que "el hombre sabio y tolerante es un arquero que lanza sus flechas a su propio corazón. No busca en los otros la causa de sus males y sólo en la corrección de sus propios defectos encuentra la solución de sus problemas". Y que "en el camino de la sabiduría -al que el hombre no puede renunciar- el caminante pierde tanto como adquiere, que el conocimiento y la ignorancia mutuamente se generan".

    LA LLAVE

    Y cuando he terminado de leer, me han quedado en la cabeza profundas reflexiones expresadas de manera muy bella, y las imágenes de aquellos hombres y mujeres que, hace ya cinco siglos, cuando "acercávase ya el verano a la çibdad de Segovia e con la calor brotávanse ya los frutos de los árboles, e ansy los frutos de nuestra higuera que nunca más tornaríamos a yantar, e avían vuelto los vencejos a volar baxo los arcos de la puente seca e ya los cigüeñinos, recortaban su desgarvada sylueta volando sobre las torres e tejados", hace cinco siglos tuvieron que decir adiós a sus casas y a sus huertos, y al cementerio en la ladera del Clamores, donde quedaban sus muertos.

    Y la imagen del niño que, muerta su madre en tierra extraña, dio suelta a la paloma y vio como ésta dirigía su vuelo hacia la que había sido su propia tierra. Y, ya al final del libro, la imagen de Yuda, ya un hombre, que en una isla muy lejos de Sefarad, mira al mundo como una isla que flota en el universo y, como una parte de su propio corazón, toma la llave de la que fue su casa segoviana y la arroja al mar "como quien echa a un pozo una moneda de cobre".

 



                                                                                                                      Sábado 21 de noviembre de 1992

LA  ESFERA


- NOVELA

Nostalgia de Sefarad

YUDA
José Antonio Abella
Caja de Segovia, 95 pág., 975 ptas.
Gonzalo Santonja

Se han publicado y publican numerosos títulos fuera del circuito comercial estos últimosaños, patrocinados por distintas instituciones, y la verdad es que el fenómeno, favorecedor de confusiones, también depara sorpresas que injusto sería no reseñar.

    Es el caso, me parece, de Yuda, de José Antonio Abella, una primera novela que, en cuanto tal, se revela prometedora y desde luego merece trascender el ámbito provincial en que ha sido acogida.

    La trama del libro resulta tan eficaz como sencilla. Desde el desarraigo de las lejanas costas de Corfú, Yuda, expulsado del país que le vio nacer, recrea instalado en la nostalgia y la decepción, los nítidos días de su niñez, aferrándose así a través de la memoria contra los estragos de un doble exilio: el de la tierra natal y, el no menos doloroso, del mundo mítico de la infancia inevitablemente perdida con el paso de los años.

    La novela, tal vez demasiado contenida, responde a un doble contraste: el que se deduce de la situación del destierro y el que se establece entre una correcta recreación del castellano del siglo XV y el actual.

    El autor, creo yo, sortea con habilidad no exenta de leves caídas el peligro del historicismo y, como mejor cualidad, sabe bordear el lirismo sin ceder a lo liricoide, aunque a veces, por el contrario, incurra en glosas explicativas, psicológicas o pedagógicas, prescindibles por obvias, "ruidos" que se notan más precisamente por tratarse de una obra breve.

    En fin, conocía de Abella algunos poemas pero en la consideración de Yuda me parece bastante más sólido su porvenir literario dentro del campo de la narrativa. Conviene esperar, desde una actitud de razonable confianza, una segunda novela, que no debiera repetir la técnica del monólogo, haciendo de paso votos porque obtenga mayores posibilidades de difusión.

 


 

                                                                                                                                                       Jueves 6 de abril de 2006

SEGOVIA

Crónicas desde el exilio

Caja Segovia y la Tertulia de los Martes reeditan 'Yuda', la primera novela de José Antonio Abella

ALFONSO ARRIBAS/SEGOVIA

 

La primera novela publicada de José Antonio Abella, 'yuda', es el único volumen perteneciente a la colección propia de la Tertulia de los Martes que hasta ahora ha alcanzado la reedición y eso, en una iniciativa de pretensiones tan modestas como la biblioteca de la sesión literaria, es un mérito incuestionable.

Después de un largo tiempo agotado, este libro se ha llevado nuevamente a imprenta para llenar los huecos que muchos lectores le habían dedicado en sus librerías, para sustituir las versiones casi apócrifas que han circulado y para recordar, dentro de esta creciente resurrección del interés por la cultura judía, a los segovianos expulsados a finales del siglo XV.
'Yuda' es, por tanto, el volumen con mayor éxito comercial de la colección. Supuso el estreno literario de José Antonio Abella y con él logró el aplauso unánime de los que por entonces integraban la Tertulia. Esta reedición es una versión corregida del original, aunque apenas cambian un centenar de palabras con el objetivo de depurar el castellano del siglo XV que Abella presta a su protagonista.

Crónicas desde  el exilio

José Antonio Abella/ De Torre

 

En la presentación el autor estuvo acompañado por Luis Miguel Fuentetaja, en representación de Caja Segovia, y por sus compañeros Ignacio Sanz y Francisco Otero, quienes se deshicieron en elogios dedicados tanto al escritor como a esta obra que, en opinión de Sanz, «es un motivo de orgullo para la Judería segoviana porque, a diferencia de otros barrios judíos de España, el nuestro pude presumir de tener un libro que la explica, una excepcional novela que la evoca».

'Yuda' es el relato sentimental de un hombre que recuerda desde su Corfú de acogida la infancia pasada en Segovia y su dramática huida forzosa cuando apenas contaba nueve años; no hay rencor en su memoria sino melancolía, incomprensión y desarraigo. Con su retrato y adicionalmente con el de todos los que fueron arrancados de sus ancestros Abella quiso reivindicar una imagen de los judíos contrapuesta a la que durante décadas se divulgó en la escuela franquista.

A los 14 años le llegó a 'Yuda' la fiesta de la reedición como a los 13 años y un día le llega a un niño judío su Bar Mitzvah, la fiesta que celebra la madurez religiosa y jurídica. Es una buena ocasión para que gane nuevos lectores y reafirme los que ya tiene repartidos por medio mundo, y no es una exageración. Para facilitarlo, Caja Segovia incluye este título en la oferta especial que pone a disposición de los aficionados durante el mes de abril toda la colección de la Tertulia de los Martes (21 libros) por un precio muy reducido.

 


                    
 EL NORTE DE CASTILLA                                                                                            Jueves, 9 de noviembre de 1995

"La esfera de humo" reafirma la faceta de José Antonio Abella como escritor

El libro fue presentado en la última sesión de La Tertulia de los Martes

    Los componentes de la Tertulia de los Martes presentaron en el transcurso de su última sesión la última novela de José Antonio Abella, hombre polifacético que compagina su actividad laboral como médico rural con la escritura y la escultura. "La esfera de humo" es la segunda novela publicada de este autor residente en Segovia.

El Norte. SEGOVIA.

    Luis Javier Moreno, Jesús Hedo, Angélica Tanarro e Ignacio Sanz, todos ellos componentes de la Tertulia de los Martes, se sucedieron en el uso de la palabra para presentar, el último trabajo literario de José Antonio Abella que ha inaugurado la colección Arca abierta de la Editorial Grijalbo Mondadori .

    El autor, que también ocupaba un sitio en el estrado, cerró las intervenciones previas a las preguntas de los asistentes clarificando, algunos aspectos de la novela y dando pistas sobre las diversas lecturas que ésta tiene.

    Luis Javier Moreno destacó "la naturalidad con que integra el aspecto mágico, el aspecto maravilloso que está tan ausente de nuestra literatura que por contra exalta los valores del casticismo y del realismo".

    Comparó a don Yllán, protagonista de La esfera de humo, con el mago Merlín de las leyendas artúricas y relacionó el libro "escrito con una prosa magnífica" con la tradición fantástivca de Alicia en el país de las maravillas.

    Para Jesús Hedo, el libro sí conecta con la tradición de la literatura española y con su habitual erudición recordó el papel del fuego en la literatura comenzando por las leyendas fantásticas y en su vertiente mística como expresión de experiencias espirituales.

    Para Hedo, "Abella pertenece a esa saga de médicos escritores o de escritores médicos como Felipe Trigo, Baroja, Luis Martín Santos. No sé -dijo- si es médico que ejerce de escritor o escritor que ejerce de médico".

    Angélica Tanarro prefirió centrarse en la figura del autor al que comparó con don Yllán y jugó con la figura del escritor y la del mago. "He descubierto -afirmó- que José Antonio Abella es sabio. Ha llegado a ese punto de sabiduría en el que se puede saber y no perder la sonrisa y eso son dos cosas muy difíciles de compaginar en estos tiempos".

    Ignacio Sanz afirmó que "estamos ante un escritor absolutamente confirmado porque esta no vela no es ni siquiera su segunda novela sino la tercera. Estamos ante una persona con una obra muy sólida que va a ser relevante en el mundo de las letras".


 

  El libro de los aforismos

ANGÉLICA TANARRO

    "La sabiduría de un hombre no se mide por aquello en lo que cree sino por aquello en lo que duda". La frase pertenece al libro de los aforismos, por el cual un tribunal inquisitorial en tiempos del rey Sabio está a punto de condenar a la hoguera a Don Yllán, el protagonista de La esfera de humo, la última novela publicada de José Antonio Abella.

    Estamos ante un texto de excelente factura, que mezcla con sabiduría fantasía y realidad, que combina el lirismo con el humor, que enreda al lector en una historia fantástica mientras le hace digerir con la mayor dulzura varias cargas de profundidad que van desde el invierno nuclear a los engaños de la ciencia y de la lógica.

    El libro recoge la mejor tradición de literatura fantástica, aquélla que forma parte de nuestra historia literaria, desgraciadamente olvidada en el presente pero asimilada con acierto en la novela contemporánea de países de nuestro entorno. En el panorama editorial español, el destino de este libro no podía ser otro -y no es que sea malo en principio- que el de inaugurar una colección juvenil. Pero este hecho no debe ser nunca la causa de que la obra pase desapercibida para un público adulto y preparado que será el que con mayor deleite disfrute de esas cargas de profundidad a las que me refiero con anterioridad.

    Están, por ejemplo, en el capítulo del juicio que sufre don Yllán, que da otro sentido y otro peso añadidos a un relato en el que, por otra parte, nada es inocente. En La esfera de humo nada está escrito al azar o tratado superficialmente. Y, sin embargo, y a riesgo de parecer paradójica la aseveración, es un fantástico azar el que dirige el relato por los derroteros de la magia y el que le empuja a su extraordinario final.

    Abella ha contado una bella historia, una historia que deja una sonrisa agridulce y un pensamiento colgado de su última página.

 



Miércoles, 20 de diciembre de 1995

TRIBUNA DE CASTILLA Y LEÓN

El mágico prodigioso

FRANCISCO OTERO

   La publicación hace unas semanas de La esfera de humo, de José Antonio Abella, además del placer de su lectura, de la que luego hablaré, me ha suscitado algunas reflexiones de orden teórico sobre la literatura y la literatura juvenil.

    Hasta los años 80 los autores y títulos que se consideraban clásicos para el público juvenil eran Julio Verne, Salgari, Jack London, Los viajes de Gulliver, Robinson Crusoe, Las aventuras de Ton Sawyer, Sherlock Holmes, Episodios nacionales de Pérez Galdós, Platero y yo, etc.

    Estas y otras se consideraban obras canónicas; eran historias bien contadas de mundos reconocibles o imaginables con argumentos realistas que, a veces, llegaban a ser informaciones prácticas. Novelas de aventuras, de viajes, de acción, de expediciones científicas, de terror...

    En la década de los 80 se inició primero y se generalizó después una literatura específicamente juvenil sometida a las leyes a imposiciones del mercado que, incluso, ahora, confecciona un ranking de los libros más vendidos. Así han proliferado las colecciones dirigidas a un público infantil y juvenil con unos criterios comerciales, con prospecciones para conocer el perfil del lector adolescente y sus gustos literarios.

    En estas fechas en las que se pueden regalar libros (en vez de juguetes) nos encontramos con libros para jugar. Es el libro-juguete-espectáculo. Los niños ya no podrán ser regañados por su vicio de leer (no olvidemos que a Don Quijote se le secó el cerebro de tanto leer novelas de caballerías).

    En una colección dirigida a los jóvenes, Arca abierta, de la editorial Grijalbo Mondadori, se ha publicado La esfera de humo, de José Antonio Abella (Burgos, 1956).

    No me parece acertada su impresión en una colección dirigida a los jóvenes, fuera del circuito de la literatura para adultos. Porque toda la narración entronca con la tradición literaria clásica de la que hablé al principio por su riqueza estilística y por la profundidad de su contenido. Es un recorrido en el que el narrador nos va descubriendo y describiendo a Don Yllán, alquimista de Toledo, capital de la nigromancia medieval, a una tortuga mora que una vez tuvo figura de mujer, a un gato llamado Ptolomeo, una estancia subterránea en la que Don Yllán guarda su secreto, una esfera perfecta de cristal que ejerce su poder sobre el futuro y el presente.

    Esta breve enumeración no nos puede dar idea de la riqueza de los símbolos: al alquimista que investiga las transformaciones de la materia para conseguir convertir los metales en oro, que era la condensación del fuego elemental, es decir, el Sol. Los alquimistas establecían una relación misteriosa entre los siete planetas y los metales. El Sol era el oro. Don Yllán tiene dos tesoros, uno es inaccesible para los demás, es su esfera perfecta metáfora de la Realidad, del Mundo; el otro es su palabra recogida en el Libro de los aforismos por el que le quieren condenar a la hoguera las fuerzas del mal y la intolerancia. El tesoro tiene el prestigio de las cosas inaccesibles, es el secreto quimérico de la magia. Don Yllán, alquimista y mago, doblado de escritor, de poeta, baja al centro de la tierra, metáfora de la matriz, donde guarda su bola negra, para descubrir el orden de la Edad de Oro. Escribe Mircea Elialde que la magia pretende la restauración de un orden que hubo, y que no puede volver a existir salvo en los instantes en los que se está haciendo la magia.

    Así, en la obra aparecen muchos símbolos mágicos: el número tres, el número siete; un caldero de cobre (que ya en la época de los celtas servía para realizar ofrendas y que luego se transformaría en Grial). La lechuza, símbolo de la inteligencia; el gato y el ratón, a menudo animales míticos en la literatura.

    También hay referencias literarias: Ptolomeo, salvado por Don Yllán como la hija del Faraón salvó a Moisés de las aguas. El nombre de Yusuf Benemeti que nos recuerda al Cide Hamete Benengeli cervantino. Referencias a fábulas como el episodio de la transformación de animales en personas y viceversa: Y, sobre todo, el capítulo final El Deán de Santiago, donde además del tema de la ingratitud resalta la maestría de la ilusión mágica que también engaña al lector. Es una paráfrasis del ejemplo XI de El Conde Lucanor, de Don Juan Manuel.

    Una novela es buena no por lo que cuenta, sino por la forma de contarlo, y la forma, la prosa, el lenguaje de La esfera de humo, me parece espléndida por su naturalidad expresiva, por su sobriedad que conjuga admirablemente lo narrativo con lo poético. La mirada del autor sabe ver lo más misterioso de la vida que está a nuestro alrededor y su voz llega a nosotros con palabras que tienen poderes mágicos para llevarnos, sin ningún esfuerzo, al mundo de Don Yllán. En fin, literatura en estado puro y para todos.

 


 

                                                                                                                                     7 de agosto de 2001                              

CRÍTICA DE LIBROS. Últimos juegos de la infancia

FRANCISCO OTERO MARTÍN

José Antonio Abella. / ANTONIO TANARRO

Crónicas de Umbroso

Escritor: José Antonio Abella. Editorial: Anaya.

LA aparición de las novelas de José Antonio Abella ha supuesto, hasta la fecha, una sorpresa tanto para el lector más atento como para la crítica más avisada. En la primera, ‘Yuda’, 1992, nos sorprendió al dar cuerpo y voz propia y personal a un sefardí que nos contaba su niñez en la aljama de Segovia y su salida de Sefarad tras los edictos de expulsión de los Reyes Católicos. No deja de ser una proeza literaria poner en pie los recuerdos de la iniciación a la vida con el lenguaje deslumbrador y auténtico de 1492; rasgo que determina el tono, el tempo y hasta la verosimilitud de la vida narrada.

En su segunda novela, ‘La esfera de humo’, 1995, parte de una breve apoyatura en un exemplum del Conde Lucanor para ascender a los territorios de la imaginación. Se trata de construir otra realidad u otras realidades a través de la magia y de unas experiencias que buscan la transformación radical de la condición humana y la regeneración moral a través de un lenguaje secreto. La alquimia de D. Yllán constituye un rito de iniciación mística, expresada con una simbología esotérica, como no podía ser por menos.

Los esfuerzos de D. Yllán van dirigidos a liberar a la persona del caos material y transmutarlo en espiritualidad pura.

La riqueza simbólica de la novela crea una cosmovisión en la que la naturaleza es el espejo de la alquimia y ésta un espejo del universo.

Acaba de aparecer su tercera novela, ‘Crónicas de Umbroso’, Anaya, Madrid 2001. Es el relato realista de un niño que al tiempo que juega tiene las primeras experiencias de la vida; de un espacio concreto, el pueblo de Umbroso (con la connotación inevitable de sombrío) y de un tiempo determinado, finales de la década de los cincuenta y primeros años de los sesenta.

Si el mundo de la imaginación es siempre verdad, el tratamiento de la realidad de unas vidas corrientes, de un pueblo de vida plana y de un tiempo vulgar, supone para cualquier escritor un riesgo difícil de superar. En todo tratamiento realista hay un conflicto entre vulgaridad y creación. ¿Cómo crear con los materiales del barro de la vida cotidiana?. ¿ Cómo alcanzar la naturalidad con unos materiales blandos?.

Y, sin embargo, en la historia que Abella cuenta nos podemos reconocer muchos lectores nacidos después de la guerra civil, en donde todavía hay un lejano sonido de bombas y la escuela era un espacio de tortura con recreos de leche en polvo de los americanos.

Iniciación a la vida

El narrador-personaje cuenta desde la memoria del presente su iniciación a la vida en Umbroso. Hijo de una familia de ocho hermanos de los que cuatro murieron, él hereda el nombre de uno de ellos, como si hubiera nacido para rescatar de la muerte la vida robada.

El contrapunto de los juegos en el que se descubre la crueldad con el gato, la muerte del perrillo en el río, el suicidio de la mujer viuda, el dolor, va jalonando la existencia del descubrimiento de la vida y de la propia personalidad. Los aprendizajes del dolor a través de sucesos familiares se van depositando imperceptiblemente en la conciencia del niño al tiempo que descubre el misterio del sexo de las niñas, la amistad y otros enigmas de la vida y de la naturaleza.

En aquella existencia plana y rutinaria del pueblo destaca la descripción minuciosa de la escuela nacional-católica-franquista. El niño es sacado de esta rutina por la presencia esporádica de Sietebolsos y su cartera prodigiosa. Es el personaje más real y auténtico, con más entidad y que vertebra una parte importante de la novela.

El protagonista descubre brutalmente la maldad y la injusticia de los adultos y así, de la noche a la mañana, ya no reconoce a su pueblo, lo ve con otros ojos, con una mirada sorprendida entre el estupor y la rabia. Ahora se siente ajeno a ese pueblo, golpeado por la crueldad de la que hasta esa noche sólo habían sido víctimas los animales. Y al tiempo que el protagonista abandona con su familia el pueblo, también sale de su infancia y del paraíso y pierde sus patrias, la del lugar de nacimiento y la de la infancia.

Toda la historia está narrada de una manera sobria, con agilidad y soltura, con palabras que tienen vocación de precisión y transparencia, con imágenes de luz clara y azul, a pesar de los recuerdos umbríos, grises y fantasmales que conducen a la desolación y a los escenarios deshabitados del final de los juegos infantiles.

Con esta su última novela Abella ratifica que estamos ante un escritor que en la madurez de sus recursos expresivos es capaz de inventar mundos ajenos al tiempo que puede descender a la tierra y librar batallas con la más cruda realidad cotidiana. Abella está firmemente asentado en la patria del escritor, que es su lengua.

 

 

 


 REGRESAR A  PÁGINA  ANTERIOR           REGRESAR  A  PÁGINA  PRINCIPAL