| Esculturas y comentarios |
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MADRE E HIJO Bronce, 1981-1998 . 47x25x12 cm. Ed. 9 ejemplares.
Hay esculturas que producen sosiego y ésta, para mí, es una de ellas. Fue tallada cuando mi hijo pequeño no había cumplido su primer año. Luego, a lo largo de casi tres lustros, hasta su fundición en 1998, su frágil modelo de yeso soportó cuatro mudanzas, un invierno a la intemperie y múltiples meses de olvido en trasteros con pésimas condiciones. A pesar de ello, resistió sin apenas sufrir daños. Por ello, el enorme corazón común que une las cabezas de la madre y el hijo, además de su evidente simbolismo, representa para mí el deseo de permanencia de la propia materia, ajeno a mi voluntad, la aspiración de todo ser a permanecer en sí mismo que proclamaba Spinoza.
Obra seleccionada para participar en el Salón Internacional "Itinéraires 99".Levalloise (París).
Cada hombre es todos los hombres. Hechos de barro y sueños,
heridos por la esperanza y mutilados por la realidad, nuestro sentido es seguir
hacia adelante, reinventar cada mañana la utopía, arrastrar nuestra
incertidumbre en pos del sueño que nos hace humanos.
En el terreno de juego, todos somos iguales entre iguales. La fortaleza y habilidad del otro nos dan la medida de nuestra propia habilidad y fortaleza. Sin ese talante de confraternidad, el deporte pierde su verdadero sentido. To kuriwtero (To kyriótero), cuya raíz griega (kurie, kyrie) significa señor, es una escultura animada por tal espíritu. Sus figuras no recogen el momento esplendoroso del triunfo, el esfuerzo llevado a su límite, la belleza del cuerpo humano en movimiento, la grácil pirueta del músculo en acción. Recogen algo físicamente más sencillo y anímicamente más valioso: un apretón de manos, un sincero y noble apretón de manos en el que convergen las líneas de fuerza de la escultura y en el que deberían convergir las líneas de fuerza del deporte. Por encima del dinero y de la fama, del espectáculo y de las pasiones, de los goles y de los resultados, ningún premio, ninguna medalla, ninguna copa son comparables a ese gesto sencillo con el que los deportistas reflejan lo mejor de su condición, su calidad humana. To kuriwtero. Lo importante. Señores entre señores.
LE TEMPS Bronce. 1999. 125x59x30 cm. Escultura seleccionada para participar en el Salón Internacional "Itinéraires 99". Levalloise (París).
Siempre me han gustado las tortugas. Representan el origen, la sabiduría, la longevidad. Son imagen de un estado primitivo de la vida en la Tierra. Pasado que pervive en su lento caminar. Duermen, enterradas, en invierno. Despiertan con la primavera. No viven contra el tiempo ni contra el mundo. Ellas mismas son su propio refugio, su morada, su ataúd. En contraposición con la lentitud sabia de las tortugas, con su adaptación a los ciclos de la Naturaleza, el ser humano vive en continuo vértigo, con la velocidad como bandera, siempre luchando para que sean el tiempo y la Naturaleza quienes se adapten a sus deseos. Por eso, la imagen de un hombre cabalgando una tortuga resulta trágica y cómica al mismo tiempo. Trágica y cómica como el imposible afán por detener lo inexorable, de querer persistir a cualquier precio, de vivir como si la eternidad fuese la medida de nuestros actos.
HOMBRE AL BORDE DE UN POZO (Detalle). Bronce, hierro y cristal. 1998. 50x49x43 cm.
EL ABRAZO DEL PADRE
MUCHACHA DORMIDA
FELICIDAD
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NOVENTA ACTITUDES ACERCA DE LA ESCULTURA (Poemas de Luis Javier Moreno)
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